LOS DESIGNIOS DEL AZAR
Alex
Álvarez López
Con gran satisfacción recibió Henry
Giraud, en la oficina que ocupaba en el área informativa de la Radio y
Televisión Francesa, la noticia que durante semanas había esperado con ansias
periodísticas: esa mañana se recepcionó la conformidad dada por la Cancillería
Chilena y, finalmente, podría viajar a Chile y materializar su anhelado
proyecto de entrevistar al conductor de ese novedoso proyecto socio político en
curso.
La repercusión internacional
que esta experiencia había generado y se había mantenido en plena vigencia,
constituía un verdadero acicate profesional para este reconocido periodista, responsable
de innumerables entrevistas a estadistas y personalidades mundiales y del
seguimiento de las recurrentes crisis en el devenir de los países.
La oportunidad que ahora se concretaría
era considerada por él de máxima importancia, dado el renovado interés que
despertaba a nivel mundial el conocimiento de las circunstancias que rodearon
la abortada asonada militar del pasado mes de junio, y sus consecuencias
inmediatas.
De manera acelerada se
sucedieron los días posteriores, marcados por la rápida organización del viaje
y del soporte técnico requerido, además de los trámites necesarios para su
ingreso al país, la coordinación con su embajada en Santiago y la concreción de
la necesaria reserva hotelera para su estadía.
El viaje hasta Chile no pudo
ser peor. El clima reinante en su transcurso y una larga escala por problemas
técnicos de la aeronave, pusieron en juego la paciencia del equipo, como un
anticipo de lo que les esperaba desde el momento del arribo en adelante, no
pudiendo contar en esa instancia con la asistencia comprometida por el
consulado francés.
La huelga parcial del personal
del aeropuerto y los numerosos desvíos que debió sufrir el vehículo que los
trasladó hasta el céntrico hotel, tratando de evitar puntos en que se
desarrollaban violentas protestas, terminaron por agotar la resistencia de
todos los integrantes del grupo, cumplidas ya veinticuatro horas del nocturno inicio
de esa verdadera aventura informativa.
Instalados en un conocido
hotel justo enfrente de la Moneda, los días inmediatos a su llegada transcurrieron
en espera del llamado para concurrir al Palacio, siendo utilizados por Giraud para
interiorizarse de manera directa del acontecer nacional, a través de la prensa
escrita, de entrevistas con distintos personeros de todos los sectores, y de la
consulta a ciudadanos comunes que circulaban por las calles aledañas al hotel.
Tan importante ejercicio le
permitió adquirir la convicción de que la sociedad chilena atravesaba por una
profunda crisis institucional y que el gobierno se veía cada vez más impotente
ante la fuerte oposición de los sectores de derecha, no obstante el importante
apoyo popular que mantenía.
Su intuición periodística lo llevó
a comprender la necesidad urgente de acelerar por todos los medios posibles la
ansiada entrevista, valiéndose para ello del fluido contacto que mantenía el
consulado con importantes personeros de gobierno.
Tales maniobras tuvieron pronto
resultado, al serle notificado por medio de la oficina de prensa de la
presidencia que sería recibido en palacio al día siguiente, dedicándose de
lleno a afinar el cuestionario previamente preparado y complementarlo en base a
los antecedentes reunidos en los días previos.
El día señalado para la
entrevista amaneció radiante y transparente, como suelen ser los primaverales
días de septiembre.
Pocos minutos le bastaron a
Giraud y su equipo para percatarse con estupor, a través del amplio ventanal de
su habitación del último piso y con inmejorable vista hacia la Moneda, de la
trascendencia de lo que estaba ocurriendo.
En efecto, tropas militares se
desplazaban copando todo el perímetro de la plaza y del palacio, ante lo cual
intentó de manera insistente en comunicarse con el teléfono de contacto
establecido, pudiendo comprobar con profunda desazón la imposibilidad absoluta
de lograrlo.
En una acción desesperada
intentó dirigirse junto a su equipo hasta el palacio, viéndose obligados a
desistir y correr precipitadamente a refugiarse en sus habitaciones, debido al
intenso ataque iniciado por las tropas y tanques en contra de quienes defendían
la Moneda,
Fue así que pudieron filmar,
en medio del peligro ocasionado por los disparos de que también era objeto el
hotel, toda la secuencia del golpe de estado, con el bombardeo e incendio del
palacio y el apresamiento de quienes lo defendían, dejando un testimonio
gráfico único de trascendencia mundial.
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